El martes 7 de octubre, cerca de 2,500 peregrinos de la Diócesis de Allentown desafiaron el tráfico de Washington, D.C., para emprender una peregrinación jubilar de esperanza hacia la “Casa de María”, la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción.
Al ingresar a la Basílica, visitantes provenientes de 28 parroquias y 19 escuelas diocesanas fueron recibidos por los miembros del Comité de Peregrinación, quienes les ofrecieron un folleto con recursos y el programa del día, además de un ejemplar gratuito de la edición de octubre de Magnificat. A lo largo del día se ofreció el sacramento de la Confesión en inglés y en español.
Guías del Santuario compartieron datos e interpretaciones sobre las obras de arte y las más de 80 capillas y oratorios que alberga este imponente edificio. La Basílica es una de las diez iglesias más grandes del mundo y la iglesia católica más grande de América del Norte.
El señor Obispo Alfred Schlert encabezó la asamblea en una “peregrinación del Rosario”, procesionando por la Iglesia Superior mientras la congregación cantaba y rezaba los Misterios Luminosos en cinco idiomas: inglés, español, vietnamita, portugués y latín.
“Todo este día ha estado lleno de recordatorios sobre la universalidad de nuestra Iglesia”, comentó un peregrino. “El Santuario está lleno de imágenes y arte de docenas de países y culturas diferentes, y hasta el rezo del Rosario en distintos idiomas mostró cómo María es verdaderamente madre de todos los pueblos.”
Después de un descanso para el almuerzo, los peregrinos se reunieron nuevamente para escuchar las conferencias principales, ofrecidas en inglés y en español. Mientras tanto, los jóvenes participaron en una Hora Santa en la Cripta, que incluyó cantos de alabanza y adoración.
El señor Obispo Evelio Menjívar, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Washington, D.C. y primer obispo salvadoreño en los Estados Unidos, dio la bienvenida a todos los hispanohablantes, comentando que este era el santuario nacional de todas las diócesis. Trajo a la memoria de todos a aquellas personas que los peregrinos dejaron atrás: los indocumentados, los enfermos, los ancianos, los tibios. “La Virgen nos abraza a todos.”
Puso como ejemplo a San Juan Diego, quien había evitado encontrarse con la Virgen porque iba de prisa a atender a su tío enfermo. María, conociendo su intención, “sanó a su tío desde la distancia.” De igual forma, María también cuida desde la distancia a aquellas personas que se quedaron atrás.
Inspirado en los misterios del Santo Rosario, recordó cómo María mantuvo la esperanza especialmente en momentos muy difíciles. En los misterios gloriosos, “María no se quedó en la prueba, sino que se abrió a la esperanza de la Resurrección y se quedó con los demás esperando la venida del Espíritu Santo.” En los misterios dolorosos, “María se mantuvo firme al pie de la cruz. Aprendamos a llevar el dolor con fe, no con desesperación, sabiendo que el amor vence al mal.”
“La vida de María”, dijo el obispo, “fue un tejido de gozos y dolores, de servicio y contemplación, de oscuridad, pero también de gloria.”
Como este peregrinaje, “nuestra vida es un viaje hacia Dios—no un viaje de turismo. Siempre debemos estar dispuestos a aceptar las dificultades.”
Finalmente, el obispo invitó a los oyentes a ser testigos de esperanza como María: “Como nos dijo el Papa León XIV, tenemos que ser fuentes de reconciliación en un mundo que se ha dejado llevar por el odio y la división; ser comunidades que abrazan y que sanan.”
La peregrinación concluyó con una Misa solemne. Monseñor Walter Rossi, rector de la Basílica, dio la bienvenida y agradeció a la Diócesis de Allentown, destacando su tradición de más de treinta años de visitar y apoyar el Santuario Nacional.
“Y vaya,” añadió, “¡no es común ver la Basílica completamente llena un martes por la tarde! ¡Y con cuarenta y cinco sacerdotes concelebrando!”
Representantes de cada parroquia participaron en la procesión de entrada, portando estandartes del Año Jubilar que representaban a sus iglesias.
El Obispo Schlert presidió la celebración y pronunció la homilía. Reflexionó sobre la belleza y el poder del Rosario en inglés y en español:
“El Rosario no es simplemente una repetición de oraciones; es un camino de contemplación. Cada cuenta nos lleva más profundamente a la vida de Jesús: Su Encarnación, Su Pasión, Su Resurrección y Su Gloria… nos ancla en la esperanza. Nos recuerda que Dios entró en nuestra historia, que Cristo venció el pecado y la muerte, y que María intercede por nosotros como Madre nuestra.”
Dirigiéndose especialmente a los jóvenes presentes, dijo:
“A veces el culto en la Iglesia puede parecer antiguo o lejano. Pero el Rosario—tan simple, tan fácil de llevar—es una oración hecha para ustedes.”
Los animó a asumir el llamado heroico de vivir visiblemente su fe católica, un testimonio muy necesario en el mundo actual.
En su mensaje a los padres de familia, los motivó a ser los primeros maestros de la esperanza:
“Cuando rezan el Rosario en familia, aunque sea un solo misterio, siembran la fe en el corazón de sus hijos y fortalecen a la Iglesia entera.”
Al finalizar la jornada, el Padre Allen Hoffa, Director del Comité Diocesano de Peregrinaciones, agradeció por nombre a cada miembro del comité y exhortó a los peregrinos a dejar que los frutos de este día perduren más allá del 7 de octubre.
Los peregrinos se retiraron meditando en el corazón las palabras del Obispo Schlert durante su homilía:
“Una diócesis que se aferra a María se fortalece en la fe, persevera en la esperanza y resplandece en la caridad.”
Fotos por Norm Steinruck.
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