Reflexión sobre el Evangelio: Domingo de Pascua La Resurrección del Señor

Segunda Lectura

Colosenses 3, 1-4

Hermanos: Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

Evangelio

Mateo 28, 1-10

Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”.

Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.

Reflection

En este Domingo de Pascua, cuando celebramos el triunfo de Jesús sobre la muerte, escuchamos en el Evangelio la repetida exhortación a no tener miedo. En efecto, como personas bautizadas en la vida del Señor Resucitado, podemos acoger estas palabras como un recordatorio de que nosotros no tenemos nada que temer.

Sin embargo, conocer esta verdad es muy distinto de vivirla. Muchos de nosotros llevamos vidas marcadas por la ansiedad. Nos preguntamos qué será de nosotros, qué pensarán los demás, o si el plan de Dios nos llevará al sufrimiento.

Quizás incluso experimentamos temor al pensar en la vida después de la muerte. La existencia más allá de este mundo, aun en el paraíso, puede parecernos completamente desconocida y causarnos gran inquietud. Aquí podríamos trazar un paralelo con cómo María Magdalena y la otra María se asustaron ante la visión del ángel en el sepulcro. Un ángel es algo glorioso, pero también puede resultar sobrecogedor verlo en la vida real. Cuando el ángel dice “no tengan miedo”, recordamos que el mundo invisible no es algo que deba temerse cuando seguimos a Cristo.

La segunda lectura de hoy nos anima a “buscar las cosas de arriba”, fijando nuestra mirada en el Cielo y en nuestra vida en Jesús. La vida futura no es algo que deba inquietarnos, sino algo que debemos contemplar, buscar y esperar con alegría.

Por Su muerte y resurrección, Jesús hizo posible la vida eterna en el Cielo. También nos muestra la infinitud de Su amor. Cristo soportó esta dolorosa muerte por nosotros porque quiso transformar la tragedia humana en nuestro camino hacia Él. Nos amó hasta entregarse completamente por nosotros. Confiar en este amor y conocerlo hace que el Cielo con Él no sea algo desconocido, sino más bien un abrazo familiar.

Las dos Marías salieron del sepulcro llenas de gozo, pero en algún momento de su camino algo debió cambiar en sus corazones. Aun conociendo la buena noticia de la resurrección, cuando encontraron a Jesús, Él tuvo que recordarles: “no tengan miedo”.

Del mismo modo, aunque todos sabemos que Jesús ha vencido el pecado y la muerte, también nosotros podemos caer en el temor. Cristo sabe que necesitamos que nos recuerde constantemente el consuelo y la paz que nos ofrece. Él siempre nos dará la fuerza para vencer nuestros miedos si lo buscamos a Él y Su ayuda.

Estén en paz y alégrense conmigo en esta bendita fiesta de Pascua, porque en Jesús no tenemos nada que temer.

Por favor tengan la certeza de mis oraciones por ustedes frente a Nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

+ Obispo Schlert



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