Primera lectura
En aquellos días, dijo Dios a Noé y a sus hijos: "Ahora establezco una alianza con ustedes y con sus descendientes, con todos los animales que los acompañaron, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca, con todo ser viviente sobre la tierra. Ésta es la alianza que establezco con ustedes: No volveré a exterminar la vida con el diluvio, ni habrá otro diluvio que destruya la tierra".
Y añadió: "Ésta es la señal de la alianza perpetua que yo establezco con ustedes y con todo ser viviente que esté con ustedes: pondré mi arco iris en el cielo como señal de mi alianza con la tierra, y cuando yo cubra de nubes la tierra, aparecerá el arco iris y me acordaré de mi alianza con ustedes y con todo ser viviente. No volverán las aguas del diluvio a destruir la vida".
Evangelio
En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".
Reflexión
Las lecturas de hoy hablan del amor de Dios a través del pacto que hizo con Noé y nos invitan a confiar en la guía de Su Espíritu.
En la Primera Lectura, Dios le habla a Noé y sus hijos sobre el arco, o arcoíris, en las nubes que le recordaría a Él el pacto que hizo con Noé y con todas las criaturas vivientes para nunca más inundar la Tierra. Es interesante notar que Él creó un recordatorio visual para Noé y sus hijos, reconociendo su naturaleza visual. Al hacerlo, comunicó Su amor de una manera adaptada a su entendimiento.
En el Evangelio, leemos que el Espíritu llevó a Jesús al desierto después de ser bautizado por Su primo, Juan el Bautista. Podemos imaginar a Jesús sintiendo ese impulso interno de retirarse del mundo. Quizás no se le reveló cuánto tiempo tendría que permanecer en el desierto, y seguramente se le dificultó, especialmente cuando fue tentado por Satanás, pero Él permaneció.
Durante esta Temporada de Cuaresma, el Espíritu de Dios, a través de la sabiduría de la Iglesia, también nos lleva al desierto. A diferencia de Jesús, somos conscientes de que este período durará 40 días, y sin embargo, se nos invita a permanecer. Permanezcamos abrazando el ayuno, la abstinencia y la limosna. Permanezcamos soportando pacientemente los desafíos cotidianos. Permanezcamos aferrándonos firmemente a los sacrificios particulares que hemos elegido hacer durante la Cuaresma. Permanezcamos y confiemos en la obra del Espíritu durante este tiempo.
Los invito a que nos abramos a la gracia ofrecida a través de los Sacramentos, la guía de las lecturas diarias y el alimento de la Santa Eucaristía, sosteniéndonos durante estos 40 días y preparándonos para celebrar con alegría el triunfo de la Resurrección.
Por favor tengan la certeza de mis oraciones frente a Nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
+ Obispo Schlert