Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
El asesinato de Charlie Kirk es el más reciente en una larga lista de actos horrendos que están robando el alma de nuestra Nación. En estos tiempos difíciles, cuando somos testigos de tantas luchas en nuestro mundo — violencia política, amenazas de guerra, desprecio por la santidad de la vida humana y una cultura cada vez más marcada por la incivilidad — puede resultar muy fácil sentirse abrumados. Como su Obispo, siento una profunda responsabilidad de compartir con ustedes mis pensamientos y mi cuidado pastoral, fundamentados en la esperanza del Evangelio.
La sagrada dignidad de cada persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, está en el centro de nuestra fe católica. La violencia en cualquiera de sus formas — ya sea motivada por ideología, enojo político o conflicto internacional — niega esta dignidad. Abrazar el odio o la venganza es abandonar el camino de Cristo, quien nos llama a ser constructores de paz: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).
La guerra, igualmente, trae devastación a innumerables vidas inocentes. Como discípulos de Jesús, debemos rechazar la indiferencia que tolera tal destrucción y, en cambio, solidarizarnos con quienes sufren. Debemos abogar y orar por la paz en nuestras comunidades y en nuestro mundo, convirtiéndonos en instrumentos de reconciliación en toda circunstancia.
En nuestra propia nación, la ruptura de la civilidad ha corroído la vida pública. Los desacuerdos políticos son naturales en una sociedad libre, pero el desprecio, los insultos y la hostilidad no pueden formar parte del testimonio cristiano. El mundo necesita ver en nosotros un camino distinto: un diálogo respetuoso, paciencia y caridad basada en la verdad.
Exhorto a todos los católicos de la Diócesis de Allentown a renovarse en el compromiso con el Evangelio de la Vida y de la Paz. Renovemos nuestra dedicación a defender la vida humana en cada etapa, desde la concepción hasta la muerte natural. Seamos también firmes en practicar la caridad en nuestras conversaciones, la valentía en nuestras convicciones y la humildad en nuestro servicio.
De manera especial, a ustedes, jóvenes, sus voces y acciones tienen el poder de transformar el mundo. Los animo a tomar una postura en favor de la paz, la justicia y el respeto en medio de la división. Su energía, compasión y fe son vitales para construir una cultura de vida y de amor.
En este tiempo de gran desafío, y en este Año Jubilar de la Esperanza, invito a cada parroquia, familia e individuo a orar con fervor por la paz en nuestra nación y en el mundo, por la sanación de las divisiones y por la conversión de los corazones. Que María, Reina de la Paz, interceda por nosotros, y que su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nos fortalezca en el camino de la no violencia y del amor.
Con gratitud en la oración por su fiel testimonio, me mantengo
Sinceramente suyo en Cristo,
El Muy Reverendo Alfred A. Schlert
Obispo de Allentown
