Feliz Navidad del Obispo Schlert

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Cada año, al acercarnos al pesebre en Belén, somos invitados una vez más a dejar que nuestros corazones sean tocados por la profunda humildad del Niño Jesús. En el silencio de aquella noche santa, Dios entró en nuestro mundo no con poder ni espectáculo, sino con un amor tan delicado que podía ser sostenido en brazos humanos. Es este amor firme, inagotable y personal el que celebramos en la Navidad.

En cada rincón de nuestra Diócesis de Allentown, veo señales de ese mismo amor hecho visible. Lo veo en nuestras comunidades parroquiales que acogen al forastero, cuidan de los pobres y apoyan a las familias. Lo veo en nuestros dedicados sacerdotes y diáconos, en los hombres y mujeres consagrados, y en los innumerables fieles laicos que dan testimonio de Cristo a través de sus sacrificios diarios. Lo veo en nuestros jóvenes que buscan a Jesús con sinceridad, y en nuestros ancianos que continúan siendo ejemplo de sabiduría, paciencia y fe. Por todo ello, les ofrezco mi más sincero agradecimiento.

Este año ha traído su parte de desafíos, pero también ha revelado la profunda capacidad de esperanza que habita en el alma cristiana. La Navidad nos recuerda que ninguna oscuridad es tan profunda que la luz de Cristo no pueda penetrar. El Niño de Belén viene a traer sanación donde hay dolor, paz donde hay división y valentía donde hay temor.

Vivimos en un mundo que necesita desesperadamente la paz entre las naciones, dentro de las comunidades y, a menudo, incluso en nuestras propias familias. Pido a cada miembro de nuestra Diócesis que sea portador de la paz de Cristo. Que el perdón comience en nuestros corazones; que nuestras palabras sean amables; y que nuestras acciones reflejen la misericordia del Salvador. Que nuestros hogares y parroquias se conviertan en lugares donde la paz de Belén irradie hacia un mundo necesitado.

Al reunirse con sus seres queridos, ruego que sus hogares y familias se llenen del gozo de la presencia de Cristo. Que el Niño Jesús los bendiga abundantemente; que María, su Madre, los envuelva con su tierno cuidado; y que San José los proteja y guíe, así como una vez protegió a la Sagrada Familia.

Por favor tengan la certeza de mis oraciones por cada uno de ustedes en mis Misas de Navidad. Les pido, a su vez, que recuerden en sus oraciones a quienes, dentro de nuestra Diócesis, se sienten solos, están de luto o atraviesan cualquier tipo de necesidad.

Con mis mejores deseos de una Navidad bendecida y un Año Nuevo santo, quedo

Sinceramente suyo en Cristo,

+ Obispo Schlert



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