Carta del Obispo Schlert en relación con los Centros de Detención de ICE

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

En los últimos días, muchos, incluyéndome a mí mismo, han expresado preocupación con respecto a la posible presencia y uso de instalaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) dentro de los límites de nuestra diócesis, particularmente en los condados de Berks y Schuylkill. Les escribo como su Obispo para ofrecer orientación pastoral, arraigada en el Evangelio y en la rica doctrina social de la Iglesia.

La Iglesia Católica afirma el derecho de las naciones a regular sus fronteras y a hacer cumplir sus leyes de manera justa y ordenada. Al mismo tiempo, la Iglesia proclama con igual claridad que toda persona humana, independientemente de su estatus legal, posee una dignidad inviolable, otorgada por Dios, que debe ser siempre respetada.

Nuestra fe nos llama a mantener unidos estos principios. Las políticas migratorias y su aplicación deben llevarse a cabo con humanidad, equidad y debido proceso, especialmente cuando las familias y los niños se ven afectados. La detención, cuando ocurre, debe respetar los derechos humanos fundamentales y evitar daños innecesarios a los más vulnerables.

Soy particularmente consciente de la ansiedad que experimentan las familias inmigrantes dentro de nuestras parroquias y comunidades, especialmente aquellas que viven con el temor de la separación o la incertidumbre sobre el futuro. La Iglesia está con ustedes como signo de la compasión y la esperanza de Cristo. Seguimos abogando por un camino hacia un estatus legal para quienes ya se encuentran aquí, contribuyendo a la sociedad estadounidense y viviendo entre nosotros de manera pacífica.

Pido a nuestro clero, a los líderes parroquiales y a Caridades Católicas que continúen ofreciendo atención pastoral, referencias legales confiables cuando sea apropiado y asistencia concreta a quienes la necesiten.

Asimismo, animo a todos los fieles a orar por sabiduría para nuestros funcionarios públicos, para quienes trabajan en las fuerzas del orden y los servicios de inmigración, y para todos aquellos cuyas vidas se ven afectadas por la migración.

Recordemos las palabras de Nuestro Señor: “Fui forastero y me acogiste” y “estuve en la cárcel y me visitaste” (Mateo 25:35–36). Que este Evangelio transforme nuestros corazones, nuestras conversaciones, nuestras acciones y las decisiones de los funcionarios públicos para que nuestra diócesis sea un lugar donde la verdad se proclame con caridad y la justicia esté siempre guiada por la misericordia.

Encomendando nuestra diócesis a la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre del Migrante, quedo

Sinceramente suyo en Cristo,

Alfred A. Schlert

Obispo de Allentown



Cuotas:
Print


Secciones
Home
En Vivo desde el Vaticano
Buscar