Reflexión sobre el Evangelio: XXVII Domingo ordinario

Primera lectura

Isaίas 5, 1-7

Voy a cantar, en nombre de mi amado,
una canción a su viña.
Mi amado tenía una viña
en una ladera fértil.
Removió la tierra, quitó las piedras
y plantó en ella vides selectas;
edificó en medio una torre
y excavó un lagar.
Él esperaba que su viña diera buenas uvas,
pero la viña dio uvas agrias.

Ahora bien, habitantes de Jerusalén
y gente de Judá, yo les ruego,
sean jueces entre mi viña y yo.
¿Qué más pude hacer por mi viña,
que yo no lo hiciera?
¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas,
las dio agrias?

Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña;
le quitaré su cerca y será destrozada.
Derribaré su tapia y será pisoteada.
La convertiré en un erial,
nadie la podará ni le quitará los cardos,
crecerán en ella los abrojos y las espinas,
mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella.

Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel,
y los hombres de Judá son su plantación preferida.
El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente
y ellos, en cambio, cometieron iniquidades;
él esperaba justicia
y sólo se oyen reclamaciones.

Evangelio

Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?'' Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos''.

Reflexión

Las lecturas de hoy nos presentan la historia de la salvación a través de la imagen de una viña. Tanto en Isaías como en el Evangelio, vemos la paciencia de Dios y la realidad del pecado. En última instancia, el Evangelio nos recuerda la maravilla de la salvación que Cristo ofrece a todas las naciones.

"La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel". Dios ha cuidado Su viña con esmero, dándole a Su pueblo todo lo que necesita. Por medio de Isaías pregunta: "¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera?" Del mismo modo, Jesús describe a un propietario que "plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre". La iniciativa siempre es de Dios. Nuestra parte consiste en cooperar con Su gracia como fieles trabajadores de la viña, devolviéndole el fruto de Su propia obra.

Sin embargo, en Isaías la viña solo produce uvas agrias, y en el Evangelio los trabajadores retienen la parte que corresponde al propietario. Los Padres de la Iglesia interpretaron la parábola de Jesús como una alegoría de la historia de la salvación. Al igual que el propietario que envió a sus servidores, Dios envió repetidamente profetas a Su pueblo, pero ellos y sus enseñanzas fueron rechazados. Jesús también anuncia Su propia llegada y muerte en la parábola: el Hijo que fue asesinado por los trabajadores malvados. Aunque el juicio del propietario es severo, la parábola pone de relieve la paciencia de Dios, quien acudió una y otra vez a Su pueblo.

Jesús cita entonces el salmo: "La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable". Aquí encontramos una gran paradoja. Del mayor mal jamás cometido—el asesinato del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres—Dios sacó el mayor bien. El Reino es entregado entonces a "un pueblo que produzca sus frutos", reuniendo así a judíos y a gentiles creyentes en una sola Iglesia.

Así como Dios trató a la casa de Israel, así también nos trata a todos nosotros. Él nos busca constantemente, a pesar de nuestro gran pecado, con la esperanza de atraernos hacia sí y hacer brotar el fruto que plantó con tanto amor. Al igual que los trabajadores malvados, tendremos que responder por nuestro mal, pero tenemos la confianza de que Jesús, nuestro Redentor, es más poderoso que cualquier pecado. Arrepintámonos con frecuencia y con urgencia, buscando especialmente el perdón del Señor en el Sacramento de la Reconciliación.

Si honramos a Cristo en lugar de crucificarlo en nuestros corazones, seremos el pueblo que dé fruto en la viña. Los sumos sacerdotes pronunciaron su propia sentencia cuando respondieron a Jesús: "Una muerte terrible". Por la misericordia de Dios, que nosotros, en cambio, recibamos la vida eterna. Acojamos al Señor que se acerca y démosle la cosecha que Él busca.

Por favor tengan la certeza de mis oraciones por ustedes frente a Nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

+ Obispo Schlert



Cuotas:
Print


Secciones
Home
En Vivo desde el Vaticano
Buscar